
Cecilia
Una delicada ramita de asfódelo recorre la superficie de la pieza, conservando la sucesión natural de su tallo y sus pequeñas estructuras florales.
A lo largo de la rama se alternan las flores abiertas con pequeños elementos que parecen capullos a punto de abrirse, creando un ritmo sutil y lleno de movimiento.
La composición conserva la ligereza de la planta original: un tallo fino del que nacen, a distintas alturas, sus pequeñas formas florales. Una pieza delicada y orgánica que captura un instante del ciclo de la planta, entre lo que ya ha florecido y aquello que todavía está por abrirse.
Medidas: 2,1 x 2,8 cm
Material: Latón bañado en oro de 24 quilates
De porte esbelto y profundamente mediterráneo, el asfódelo se reconoce por sus largas hojas basales y su elevada inflorescencia, que puede superar el metro y medio de altura. Sus flores blancas aparecen sobre tallos delicados, creando una silueta ligera y vertical.
Sus hojas nacen desde la base formando una estructura limpia y abierta, mientras las flores se elevan en una inflorescencia ramificada. Una arquitectura de contrastes: arraigada en la tierra y, al mismo tiempo, orientada hacia arriba.
Presente en toda la región mediterránea, el asfódelo forma parte del paisaje de Menorca, donde crece en garrigas, pinares, márgenes de caminos y terrenos secos y pedregosos. Florece principalmente al inicio de la primavera.
RENACIMIENTO · MEMORIA · PERMANENCIA
El asfódelo está ligado desde la Antigüedad a una idea profundamente humana: la continuidad de la vida.
Su ciclo habla de renacimiento. Después de atravesar los periodos más secos del paisaje mediterráneo, vuelve a emerger y florecer. Su presencia recuerda que incluso después de una etapa de quietud puede aparecer de nuevo la vida.
También representa memoria. En la tradición griega, los prados de asfódelos formaban parte del imaginario del mundo de los muertos, vinculando esta planta con el recuerdo y con aquello que permanece más allá de la existencia.
Pero su significado no tiene por qué pertenecer únicamente al pasado.
El asfódelo puede hablar de aquello que permanece en nosotros mientras todo lo demás cambia: los recuerdos, los vínculos, las experiencias que nos han construido.
Y representa, finalmente, permanencia.
Una planta que vuelve a aparecer en el paisaje año tras año, arraigada a la tierra y capaz de prosperar en condiciones secas y difíciles.
El asfódelo nos recuerda que permanecer no significa quedarse inmóvil.
Significa tener raíces suficientemente profundas para poder volver a florecer.
El asfódelo está ligado desde la Antigüedad a una idea profundamente humana: la continuidad de la vida.
Su ciclo habla de renacimiento. Después de atravesar los periodos más secos del paisaje mediterráneo, vuelve a emerger y florecer. Su presencia recuerda que incluso después de una etapa de quietud puede aparecer de nuevo la vida.
También representa memoria. En la tradición griega, los prados de asfódelos formaban parte del imaginario del mundo de los muertos, vinculando esta planta con el recuerdo y con aquello que permanece más allá de la existencia.
Pero su significado no tiene por qué pertenecer únicamente al pasado.
El asfódelo puede hablar de aquello que permanece en nosotros mientras todo lo demás cambia: los recuerdos, los vínculos, las experiencias que nos han construido.
Y representa, finalmente, permanencia.
Una planta que vuelve a aparecer en el paisaje año tras año, arraigada a la tierra y capaz de prosperar en condiciones secas y difíciles.
El asfódelo nos recuerda que permanecer no significa quedarse inmóvil.
Significa tener raíces suficientemente profundas para poder volver a florecer.
En BOTANIC, las formas y relieves botánicos no se interpretan ni se dibujan: proceden directamente de elementos naturales reales, recogidos uno a uno en la isla de Menorca y reproducidos mediante moldes que permiten conservar hasta sus detalles más sutiles.
El carácter singular de esta medalla nace de un prototipo modelado íntegramente a mano en arcilla tras incorporar la textura real del elemento natural, conservando su silueta, su arquitectura natural y las irregularidades microscópicas de su superficie.
La estructura de la medalla conserva el gesto manual del proceso. Un fino borde elevado, tallado a mano, enmarca la medalla. El asa de la medalla forma parte del modelado original, creada a mano deliberadamente orgánica e irregular.
El resultado une la precisión de una huella botánica real con las pequeñas decisiones del trabajo manual, haciendo visible tanto la naturaleza de la que parte la pieza como la mano que le dio forma."
El carácter singular de esta medalla nace de un prototipo modelado íntegramente a mano en arcilla tras incorporar la textura real del elemento natural, conservando su silueta, su arquitectura natural y las irregularidades microscópicas de su superficie.
La estructura de la medalla conserva el gesto manual del proceso. Un fino borde elevado, tallado a mano, enmarca la medalla. El asa de la medalla forma parte del modelado original, creada a mano deliberadamente orgánica e irregular.
El resultado une la precisión de una huella botánica real con las pequeñas decisiones del trabajo manual, haciendo visible tanto la naturaleza de la que parte la pieza como la mano que le dio forma."
Volver a florecer, una y otra vez.
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Cecilia
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